La Dinastía

La Dinastía
Vidas Cruzadas es la primera entrega de la serie “La Dinastía” y cuenta la historia de los Saint-Claire en principio, una familia francesa cuyo hijo menor y por ciertas circunstancias es desterrado de su patria y decide establecerse en la Inglaterra de finales del siglo XVI. La historia de los Saint-Claire se verá estrechamente ligada a la de otras dos importantes familias inglesas, los Arlingthon y los Danworth, pero se verán envueltos en una serie de hechos que irán desde el amor y la amistad, hasta la mentira y la traición que desembocará en un complicado entramado de "Vidas Cruzadas" Safe Creative Código: 1211052633415

lunes, 2 de junio de 2014

Cap. 24 Búsqueda…



Phillipe poseía muchos y muy poderosos contactos en las altas esferas de poder, y a pesar de no ser francés Dylan también, pero aparte de eso y fiel a las enseñanzas de su padre, Dylan se había procurado además muy útiles contactos en los bajos fondos, de modo que cuando recibió la respuesta de lo que había mandado a hacer a su sirviente, decidió que había llegado el momento de recurrir a ellos, pero antes debía hablar con Phillipe Saint-Claire.

Después que Phillipe había abandonado el Chateau  de Lord Danworth había vuelto al suyo, pero Sophie no había dado señales de vida. Estaban por salir de nuevo cuando el mayordomo anunció que Lord Danworth y Lord Arlingthon solicitaban verlo. Los hicieron pasar y aunque fue evidente para todos la angustia de Lord Arlingthon, el que habló fue Lord Danworth.

-         Milord  --  dijo dirigiéndose a Phillipe  --  entiendo perfectamente su angustia y le aseguro que la nuestra no es menor. Le ofrecí nuestra ayuda y vengo a reiterársela. Sé que este es su país, pero si me permite hacer una sugerencia tal vez podamos adelantar algo.
-         Lo escucho.
-         Lo que voy a decir, estoy consciente que es una acusación grave en contra de un compatriota suyo, pero espero lo tome con la intención que se lo digo y que no es otra que encontrar a la señorita Saint-Claire  --  dijo Dylan, y como no hubo comentario por parte de Phillipe, continuó  --   La pasada noche Lord Arlingthon sostuvo una conversación en extremo alarmante con el Duque de Armagnac, donde sugería que tendría a su hija de cualquier manera. Esto nos ha inducido a creer con muy pocas dudas, que este caballero puede estar implicado en la desaparición de So… de la señorita Saint-Claire  --  se corrió en último minuto

No era que Phillipe no hubiese pensado en ello, pero se le hacía sumamente difícil pensar ya no digamos aceptar,  que alguien con la posición de Armagnac recurriese a aquel despreciable comportamiento arriesgándose además como sin duda sabía que lo estaba haciendo, a que él lo matase, porque si de algo estaba seguro, era que si Sophie estaba con él no era por su propia voluntad. Sin embargo y sin saberlo, pensó como lo estaba haciendo Armagnac. Llegó a la rápida conclusión de que el Duque no era estúpido, si había hecho aquello no podía pretender que no se supiese, de modo que su intención tenía que ser obligar a Sophie a aceptarlo como esposo, pero si era así, primero mataba al desgraciado antes que entregarle a su hija a semejante mal nacido.

-         ¿Y qué propone?  --  le preguntó a Dylan
-         Aparte de lo que pueda estar usted haciendo, pienso que alguien debería asistir a la reunión donde presumiblemente debería estar Armagnac esta noche
-         ¿Cómo?  --  preguntó Phillipe seguro de no haber entendido
-         Milord, creo que es de vital importancia establecer con la mayor premura si el duque continúa en París  --  aclaró él

Phillipe abrió mucho los ojos porque había entendido el punto de golpe, y la verdad era que en su desesperación no había pensado en ello. No quería ni pensar en la posibilidad de que Armagnac sacara a su hija de Francia, pero sin duda Danworth tenía razón. Miró a Maurice que tenía una expresión muy parecida a la suya.

-         Necesitamos saber a la mayor brevedad dónde…
-         Yo poseo esa información milord  --  lo interrumpió Dylan  --  El duque se ha esforzado mucho en asistir a las reuniones donde estaba razonablemente seguro que usted estaría, de modo que hay dos posibilidades, el Chateau LeChamps, o la velada musical en la casa de Madame Le Noir. Y creo que usted se decantaría por LeChamps

Phillipe miró con incredulidad y cierto respeto a aquel joven, ya que estaba demostrando tener una inteligencia y un instinto muy desarrollados.

-         Tiene razón, pensábamos asistir a LeChamps
-         Bien, entonces resta decidir ¿Quién lo hará?
-         Yo mismo y…
-         Si me disculpa milord, lo veo desde todo punto de vista inconveniente  --  lo interrumpió Dylan  --  No es mi intención sugerir que usted no esté en su derecho de hacerlo, pero dadas las condiciones emocionales en las que se encuentra, eso podría ocasionar un enfrentamiento no deseado con este caballero y eso nos alejaría mucho de poder encontrar a su hija. De modo que sugiero si no es muy inconveniente que sea el señor Germain quien lo haga.
-         ¿Jacques?  --  preguntó Phillipe mirando al chico
-         Por supuesto  -- contestó él  --  iré a cambiarme de traje y saldré para allá.
-         Nos encontraremos allá, y supongo que no tengo que decirle que es importante que todo parezca normal  --  le dijo Dylan
-         Entiendo  --  dijo Jacques
-         Y para no dejar nada al azar  --  continuó Dylan una vez que Jacques salió  --  sugiero que el señor Saint-Claire asista a Le Noir  --  dijo mirando a Maurice
-         Muy bien, así se hará  --  y Phillipe miró a Kendall  --  ¿Usted irá a Le Noir?  --  Kendall miró a Dylan y éste elevó una ceja
-         No señor, pero para poder explicar los motivos por los que no puedo hacerlo, primero debo excusarme con usted  --  Phillipe lo miró con extrañeza pero nada dijo a la espera de que él concluyese  --  Si no puedo ir es porque estoy en la misma situación que usted, y con el perdón de las damas  --  dijo mirando hacia Marie y Madeleine  --  si yo voy, es muy probable que termine matando al muy bastardo cuando lo vea, porque yo… yo amo a su hija y espero ser merecedor de su consentimiento para hacerla mi esposa, si ella me acepta.
-         ¡Oh por Dios!  --  exclamó Marie mientras Madeleine intentaba ocultar su sonrisa, porque a pesar de la terrible situación en la que estaban, aquello era algo que había estado esperando y no era ella la única a juzgar por el comentario de Phillipe
-         Vaya hombre, tardaste tanto que pensé que me había equivocado en todo el asunto, pero escogiste el peor momento para esto  --  le dijo  --  Primero debemos hallarla y luego me ocuparé de ti.

Sin embargo, a Dylan no se le escapó que  por el repentino cambio en el tratamiento que le estaba dando Phillipe a su amigo, había pocas dudas de que Kendall contaba con su aprobación.

-         Bien  --  dijo Dylan  --  Si me disculpan debo partir. Una vez que tengamos la información vendremos a dársela.
-         De acuerdo, yo iré a hablar con algunas personas que pudiesen ser útiles
-         Le sugiero tener cuidado milord, con lo que dice y a quién se lo dice
-         Lo tendré, y  le agradezco mucho lo que está haciendo Lord Danworth
-         Agradézcamelo cuando la encontremos  --  y comenzaron  a caminar hacia la puerta
-         Ya que estamos en las mismas condiciones, espero puedas acompañarme  -- le dijo a Kendall y este asintió

Dylan llegó al Chateau LeChamps antes que Jacques. Después de saludar a los anfitriones se dedicó a pasear por el Salón en busca de Armagnac pero no lo veía, por lo que empezó a preocuparse. Un rato después, se encontró con Jacques.

-         No está aquí  --  dijo el francés
-         No estaba  --  dijo Dylan mirando hacia la puerta

Efectivamente en aquel momento iba llegando Jean Pierre. Dylan y Jacques se separaron ubicándose en distintos puntos para cubrir los posibles lugares a los que se dirigiera el duque y poder escuchar su conversación. Dylan se acercó a un grupo de damas que como de costumbre lo recibió con el mayor entusiasmo.

-         Mi querido Lord Danworth  --  dijo una de ellas 
-         Mi Lady  --  dijo él rozando los dedos de la mujer con sus labios

Después de unos minutos de conversación intrascendente, de la menos apreciada por Dylan y que soportó solo en atención a los fines que perseguía, como de costumbre su instinto estuvo acertado.

-         Jean Pierre  --  dijo una de ellas, y por la familiaridad con la que lo trataba debía tratarse de alguna vieja amiga de la familia

Luego de los saludos y los exagerados e hipócritas halagos hechos por aquel individuo, se dirigieron de nuevo a Dylan.

-         Jean Pierre, supongo que ya conoces a Lord Danworth
-         Sí, ya hemos sido presentados --  y lo saludó con una ligerísima inclinación de cabeza  --  Lord Danworth
-         Milord  --  lo saludó Dylan a su vez
-         Veo que se ha apegado a nuestro país  --  dijo Armagnac  --  ¿Será nuestro clima o nuestras hermosas damas?
-         Digamos que un poco de ambos.
-         Sin ofender, pero creo que Inglaterra es un tierra demasiado fría
-         No ofende quien dice la verdad, y desde luego en mi país no tenemos un clima tan benigno como el de ustedes, pero hay quienes así lo prefieren

Las mujeres, expertas en detectar tensiones, enseguida percibieron un posible peligro. Todos en París sabían de la antipatía que sentía el duque por Lord Arlingthon, del mismo modo que sabían que el sujeto que tenían al lado era su mejor amigo y viajaban juntos. De modo que decidieron desviar la conversación.

-         Jean Pierre querido  --  dijo la mujer que había hablado primero  --  No asististe a la velada musical que ofrecí en mi casa hace dos noches, pensaré que ya no me cuentas entre tus amigas
-         De ninguna manera, lo que sucede es que no me he sentido bien últimamente y de hecho estoy por salir hacia mis propiedades del sur

Una señal de alarma se encendió en el cerebro de Dylan. Tal y como había pensado, aquel desgraciado tenía que preparar el terreno para su desaparición temporal, porque no era tan imbécil. De modo que esperaba que sus otras diligencias dieran pronto resultado, porque debían moverse de prisa.

Phillipe estaba desesperado,  había pensado en cualquier cantidad de posibles horrores y después de hablar con quién le pareció más conveniente, él y Kendall se lanzaron a las calles de París en un esfuerzo inútil de dar con Sophie.

Ya era media noche cuando se reunieron de nuevo en el Chateau. Marie no había dejado de llorar desde que todo había comenzado y Madeleine se esforzaba en mantenerla calmada. Los últimos en llegar habían sido Jacques y Dylan, y por su expresión supieron que no lo habían pasado nada bien y Phillipe sintió pánico.

-         La tiene  --  fue lo primero que dijo Dylan al llegar  
-         ¡Maldito!  --  gritó Phillipe con ira
-         Pero aún está en París  --  agregó Jacques
-         ¡Gracias al cielo!  --  exclamó Marie
-         Pero no será por mucho tiempo --  aclaró Dylan
-         ¡Juro que voy a matarlo!  --  gritó Kendall

Los Saint-Claire habían pasado de una emoción a otra en el breve lapso de tiempo en el que les fue dada la información, de la ira por saber que efectivamente la tenía, al alivio de que aún estuviese en París, y de éste al terror ante la perspectiva de que se la llevase donde no pudiesen encontrarla. Entre Dylan y Jacques relataron todo lo que habían escuchado esa noche y las conclusiones a las que habían llegado.

-         El muy desgraciado lo último que me dijo fue que te diera sus saludos y  que te dijera que espera verte pronto  --  concluyó Jacques
-         ¡Yo también espero verlo pronto, pero para enviarlo directo al infierno!  --  exclamó Phillipe con supremo odio
-         Milord, es necesario que se calme  --  dijo Dylan de manera educada pero firme  --  Tengo a dos hombres siguiendo a Armagnac y me informaran de todos sus movimientos. De modo que debemos ser pacientes, advertirlo ahora de que estamos al tanto, nos pondría en una difícil situación y nos alejaría mucho de nuestro objetivo.

Maurice estuvo de acuerdo con Dylan y entre todos intentaron calmar a Phillipe y a Kendall, porque ambos lo que querían era ir a despedazar a Armagnac. Dylan y Kendall se marcharon, y Dylan recomendó a Maurice y a Jacques vigilar a Phillipe para que no hiciese ninguna tontería, y asegurándoles que él se encargaría de Kendall.

Sophie no tenía idea de cuánto tiempo había transcurrido desde que estaba allí, ya que ignoraba cuánto había pasado desde que perdiese el conocimiento y despertara en aquel lugar. Después de la marcha del duque le habían llevado una bandeja con comida, una jarra con agua y una botella con algún licor. Sin embargo, ni comió ni bebió nada. También le habían llevado mantas y un chal para que se abrigase, porque a pesar de que aún no había empezado a refrescar en algún momento comenzó a sentir frío, por lo que supuso que ya era de noche y tal vez la construcción de madera hacía que se conservara poco el calor.

Habían pasado muchas horas, aunque Sophie no sabía cuántas. Pensó en su padre y se le oprimió el corazón, sin darse cuenta comenzó a llorar de nuevo. Recordar a Kendall no le supuso ningún consuelo, sino que se sintió aún peor y se preguntó qué estaría pensando él a esas alturas. Sintió un ruido y se tensó, la puerta acababa de abrirse y el duque hacía su entrada de nuevo.

-         Mi querida señorita, espero que haya podido descansar  --  dijo mirando hacia el lecho de paja  --  aunque lamento que no lo haya hecho de la manera más cómoda.
-         Si en verdad lo lamentase, ya me habría devuelto a donde pertenezco.
-         Me informan que no ha querido comer  --  dijo él destapando las charolas que estaban en la mesa  --  eso es perjudicial para su salud y espero que esté usted tan hermosa y sana como siempre el día de nuestra boda.
-         Entiéndalo de una vez, eso es algo que no sucederá
-         La que no lo ha entendido es usted mi querida Sophie  --  dijo acercándose y ella retrocedió de forma automática  --  Ninguna mujer quiere ver su reputación y por consiguiente la de su familia manchada. De modo que accederá a nuestro matrimonio porque sabe que es lo mejor.
-         Mi familia ha pasado por cosas mucho peores
-         No me agrada hablar de cosas pasadas y desagradables, pero si se está refiriendo al encomiable esfuerzo de su padre para intentar mantener limpio el dudoso honor de su madre y que lamentablemente terminó en su exilio, le concedo razón, fue algo terrible e injusto para su padre, por lo que no creo que quiera hacerlo pasar por algo similar  --  Sophie lo miraba con incredulidad  --  y sin duda será mucho peor, porque cuando todo París se entere de nuestra fuga romántica, y no dude que se enterarán, su padre va a pasarlo muy mal.
-         ¡Es usted el hombre más miserable que he conocido en mi vida!  --  exclamó ella
-         Me juzga muy duramente y sin tener en cuenta que todas mis acciones obedecen al amor que siento por usted. De modo que piense un poco, acceda a nuestro matrimonio en forma pacífica y todo esto terminará. La conduciré de inmediato al Castillo de Armagnac y luego de asegurarme de su comodidad, iré a hablar con su padre. Una vez que acordemos la fecha de la boda, la devolveré a su casa hasta el día de la misma.
-         Es usted ruin, cruel y miserable, y solo accederé a casarme con usted el día que el infierno se congele  -- dijo ella con ira

Las facciones de Jean Pierre de ordinario hermosas, adquirieron un aspecto aterrador al verse desfiguradas por la rabia. Aquella terca criatura había convertido sus días en un infierno y aun ahora, después de declararle en los términos más precisos su amor por ella, seguía despreciándolo. Esa circunstancia era algo que las muchas generaciones de orgullosa sangre noble de un Armagnac, no podía soportar.

-         Escúchame niña  --  le dijo aferrándola por un brazo  --  Te he ofrecido mi amor, mi nombre y todo aquello que por absurdo que fuese pudieses desear, pero te has dado el lujo de despreciarlo. De modo que es hora de que te enteres que siempre obtengo lo que deseo a cualquier precio. Ya que te niegas a ser mi esposa, entonces te convertiré en mi amante y nadie podrá impedírmelo.
-         Tendrá que tomar por la fuerza lo que no se ha ganado, pero se necesita ser muy poco hombre para una bajeza semejante aunque sin duda usted está muy lejos de ser un hombre  --  dijo con desprecio y Jean Pierre perdiendo toda perspectiva  la abofeteó con furia
-         ¡Algún día suplicarás por mi amor!
-         Sueñe señor duque, porque eso es algo que no sucederá ¿cree que suplicaría por el amor de un miserable cuando he conocido el de un hombre de verdad?

Jean Pierre abrió los ojos de forma desmesurada y en aquel momento la rabia, el deseo y  los celos hicieron violenta explosión haciendo aparecer un peligroso rasgo de familia. Se apoderó de él tal locura, que sujetó a Sophie y desgarró el frente de su vestido. Sophie había tomado una decisión, prefería morir a permitir que aquel hombre mancillara su cuerpo. Se debatió entre sus brazos y en el proceso chocaron contra la mesa y el candelabro cayó al piso haciendo que la hierba seca que cubría el piso ardiese con rapidez.

Sin embargo, Jean Pierre estaba fuera de sí y no prestó atención, de modo que Sophie como pudo metió la mano en el bolsillo de su vestido y aferró la daga que le había dado su padre y que siempre llevaba consigo. Movió su pierna y clavó el pequeño tacón de su zapato en el pie de Jean Pierre, sabía que aquello no iba a causarle mayor daño, pero haría que aflojara su brazo el tiempo suficiente para ella mover el suyo. Con lo que no contó fue con la ira de este sujeto que al sentir el dolor, ciertamente aflojó su brazo pero volvió a abofetearla con saña.

La intención de Sophie era quitarse la vida, pero después de la bofetada y encontrándose ya de por sí débil, sintió que todo giraba a su alrededor, y al ver que Jean Pierre iba a sujetarla de nuevo, movió la mano con tanta rapidez como le fue posible.

-         ¡NO!  --  gritó Jean Pierre y fue lo último que Sophie escuchó antes de perder el sentido.


domingo, 1 de junio de 2014

Cap. 23 Secuestrada…



Phillipe terminó de redactar las cartas que estaba escribiendo y decidió ir a ver a su hija. En la mañana Sophie le había asegurado sentirse bien pero como no la había visto en la tarde, quiso asegurarse. Llamó a la puerta de su habitación pero no recibió respuesta, de modo que abrió con discreción previendo que pudiese estar dormida, sin embargo su cama estaba vacía. Bajó de nuevo y pidió al mayordomo que buscase a la doncella de su hija con la intención de preguntarle a ella, pero el mayordomo le ahorró mayores esfuerzos informándole que Sophie estaba en el jardín.

Esta información agradó a Phillipe, porque si su hija estaba dando su acostumbrado paseo por el jardín, significaba que realmente se sentía mejor. No obstante, por más que la buscó no la halló, de modo que volvió dentro y preguntó al hombre si estaba seguro de lo que le había dicho e igualmente envió por la doncella. La joven le dijo lo mismo que le había dicho el mayordomo y Phillipe comenzó a preocuparse, y como no tenía por costumbre quedarse de brazos cruzados cuando deseaba algo, ordenó una búsqueda inmediata por todo el Chateau pero una hora después Sophie seguía sin aparecer. Phillipe volvió al jardín en compañía de Maurice, aunque el mismo había sido recorrido por los sirvientes sin ningún resultado y mientras Phillipe lo hacía de nuevo, Maurice se dirigió a la caballeriza a preguntar si su sobrina había mandado preparar algún carruaje. Allí el palafrenero le dijo que no había visto a la señorita Saint-Claire desde hacía dos noches, es decir la última vez que Sophie había salido con su padre. Cuando Maurice iba de regreso, venía Phillipe con muy mala cara.

-         ¿Qué sucede?  --  y su hermano levantó una nota
-         Arlingthon
-         ¿Arlingthon?  --  preguntó Maurice con extrañeza  --  ¿A qué te refieres exactamente?  --  pero tuvo que correr tras él
-         ¡Ensillen mi caballo!  --  ordenó
-         Phillipe  --  lo detuvo Maurice  --  Explícame…
-         Le he dado todas la oportunidades concebibles, pero no pienso permitir que juegue con la reputación de mi hija  -- dijo furioso
-         Phillipe por favor…  --  pero se limitó a darle un trozo de papel

Maurice lo leyó y efectivamente era de Lord Arlingthon, pero Maurice no veía nada que justificase ni de forma remota, las sospechas ni la ira de su hermano, y conociéndolo decidió ir con él.

Kendall había esperado que pasaran las primeras horas de la mañana para escribirle a Sophie y aunque había pasado la mañana muy inquieto, la noche pasada había sido mucho peor. Sin embargo, ese tiempo le había servido para reflexionar, sobre todo en lo dicho por Dylan y ciertamente no había motivos para que desistiese. Si bien era cierto que deseaba con todo su corazón que Sophie lo quisiese del mismo modo que él la quería a ella, si no era así, al menos estaba razonablemente seguro que sentía algún afecto por él y tal vez fuese suficiente para ella y aceptase una propuesta de matrimonio basada en eso, que era mucho más de lo que tenían otras damas.  De modo que había tomado la decisión de armarse de valor para plantearle esa posibilidad y francamente esperaba que aceptase, porque se había imaginado por un momento que ella dijese que no o que decidiese aceptar a otro, y la sola idea de imaginarla en otros brazos lo hizo sentir enfermo.

Después de mediodía le había enviado una nota, pero hacía más de una hora que el mensajero había vuelto y ella no había respondido. De modo que no sabía qué pensar, podía ser que siguiese indispuesta o que no quisiese contestarle y ninguna de las dos opciones le producía tranquilidad. Estaba a punto de ir al Chateau  Saint-Claire cuando Dylan lo detuvo.

-         ¿Dónde vas a estas horas?
-         Necesito saber de Sophie
-         Escríbele o espera hasta esta noche, pero no puedes presentarte allí sin invitación. Comprendes eso ¿no?
-         ¡Ya le escribí y no contestó!  --  dijo con desesperación  --  Y no puedo esperar hasta esta noche para saber.

Dylan lo miró y sintió deseos de golpearlo. Kendall siempre había tenido tendencia al drama, y el hecho de que se hubiese enamorado tan neciamente, no contribuía en nada a mejorar ese aspecto de su personalidad. Sin embargo, se armó de paciencia e intento hacer entrar en razón a su amigo.

-         Kendall, supongamos que entiendo tu preocupación, pero piensa por un momento en lo que pensaría o haría Saint-Claire, si te presentas en su casa de la forma que quieres hacerlo. Si por lo menos ya hubieses conversado con él con respecto  tus intenciones, o mejor aún, si hubieses pedido la mano de Sophie, no estaría bien tampoco presentarse así, pero no causarías mayor daño.
-         Dylan, tú no comprendes porque…

Pero en ese momento el objeto de discusión estaba entrando cual vendaval y sin esperar a ser anunciado.

-         ¡Arlingthon!  ¿Dónde está mi hija?  --  le gritó a Kendall sujetándolo por el frente de su traje y estampándolo contra la pared.

Tanto la actitud como la pregunta, hicieron que un frío desagradable recorriese la espalda de Dylan. Algo estaba muy mal en todo aquello, pero primero debía asegurarse de que Phillipe  Saint-Claire no matase a Kendall, porque las implicaciones de lo que acababa de decir el padre de Sophie, lo habían hundido en un abismo de desesperación, tenía los ojos desorbitados y con toda seguridad sería incapaz de responder o siquiera razonar nada.

-         Milord por favor  --  intentó Dylan  --  le aseguro que su hija no está aquí.
-         ¡No estoy hablando contigo Danworth!

Dylan podía entender la posición del hombre como padre, pero la orgullosa sangre que corría por sus venas hacía del todo imposible soportar que alguien lo tratase de aquella manera, o le gritase en su propia casa.

-         Podría esforzarme en entender su situación Saint-Claire, pero le recuerdo que está en mi propiedad, y si quiere ser merecedor del trato que se le da a un invitado, le sugiero controlarse y escuchar  --  dijo en tono helado y cargado de toda la arrogancia de sus apellidos
-         Phillipe por favor  --  dijo Maurice intentando que soltase a Kendall

Phillipe lo hizo pero no dejó de mirar con ira a Kendall que se había quedado en el mismo sitio y con la mirada en algún punto del vacío.

-         Ahora  --  dijo Dylan  --  Debo presumir por su pregunta, que su hija ha desparecido  ¿estoy en lo correcto?   

Phillipe iba a hablar pero Maurice lo detuvo. A esas alturas sabía lo suficiente de los Danworth como para estar seguro que molestar a cualquiera de ellos no era la mejor política.

-         Así es Lord Danworth, mi sobrina está desaparecida
-         ¿Y puedo saber por qué razón suponen que Lord Arlingthon está involucrado en su desaparición?
-         Encontramos una nota suya en el jardín y fue el último lugar dónde fue vista  --  informó Maurice
-         ¿Puedo ver esa nota?  --   Maurice se la extrajo del bolsillo y se la mostró

Al igual que Maurice, Dylan no encontró nada que sugiriese que Sophie podía estar con Kendall, había sido redactada en un tono demasiado familiar quizá pero nada más. Y estaba positivamente seguro que Kendall no tenía nada que ver con aquello, aparte de no ser su estilo, era obvio que el pobre infeliz estaba en estado de shock.

-         Lord Saint-Claire, de veras lamento mucho todo esto, pero le doy mi palabra de que Lord Arlingthon no está involucrado en lo que haya sucedido sea lo que sea que haya sido. Sin embargo, puede contar usted con nuestra ayuda en la forma que la necesite

Phillipe era un hombre impetuoso y orgulloso, pero tenía la virtud de saber reconocer cuando se había equivocado.

-         Espero acepte mis disculpas Lord Danworth   --  le dijo  --  y también usted Lord Arlingthon. Y ahora con su permiso necesito encontrar a mi hija.

Una vez que los hombres abandonaron la estancia, Dylan se volvió hacia  Kendall y ahora fue él quien lo sacudió.

-         ¡Kendall!  --  le gritó mientras lo movía con muy poca delicadeza  --  ¡Maldita sea Kendall, reacciona!  --  le tomó aun un par de minutos hacerlo volver pero finalmente lo hizo
-         ¡Sophie!
-         Sí, Sophie  --  dijo Dylan  --  Está desaparecida y no me sirves de nada si no eres capaz de tener los sentidos alerta
-         ¡Armagnac!  --  escupió Kendall
-         Es posible, pero debemos comprobarlo
-         ¡No necesito comprobar nada!
-         Sí, sí lo necesitas

Dylan salió del salón y fue en busca de uno de sus sirvientes, le dio una orden y regresó al salón, se sirvió una copa y se sentó.

-         ¿Qué haces?  --  preguntó Kendall con incredulidad  --  tenemos que encontrarla
-         Lo sé, pero te aseguro que no lo haremos recorriendo las calles de  París
-         ¡Pero tampoco aquí sentados!
-         Kendall, cálmate y siéntate. Debemos esperar

Aunque Kendall estaba en total desacuerdo, conocía lo suficiente a Dylan como para saber dos cosas. La primera, que esa calma solo era externa, porque su cerebro iba a toda marcha. Y la segunda, que fuese lo que fuere que planeaba, si no incluía salir de allí, no lo dejaría hacerlo aunque tuviese que emplear la fuerza. Y a pesar de su desesperación por encontrar a Sophie, no le quedó más alternativa qué esperar.

Sophie comenzó a salir del letargo que sucede al sueño profundo o a la inconsciencia, lo primero que registró su cerebro fue el silencio, y por un momento pensó que se había despertado en medio de la noche, pero poco a poco sus sentidos fueron percibiendo otras cosas. Estaba vestida no con ropa de cama sino con ropa de día, de modo que comenzó por abrir los ojos, sin embargo y aunque parpadeó en repetidas oportunidades, todo parecía en penumbra. Lentamente sus pupilas se fueron dilatando hasta percibir una luz muy tenue que identificó como la de una única vela situada a cierta distancia de donde se encontraba. Trató de relajarse y concentrarse y de esta manera los recuerdos fueron volviendo. Lo último que recordaba era haber estado paseando por el jardín de su casa, luego recordó la nota de Kendall y su disposición a cambiar de actitud hacia él. Recordó que iba hacia la casa con intención de contestar a su nota cuando… Se incorporó de forma súbita y fue una muy mala idea, porque sintió que todo comenzaba a girar a una velocidad vertiginosa y cayó hacia atrás de nuevo.

A pesar de que su corazón latía desbocado intentó serenarse. Cuando cayó de nuevo notó otra cosa y movió sus manos sobre la superficie, esto le dio la información de que se encontraba sobre un lecho de paja. Hizo un nuevo esfuerzo por ver a su alrededor pero la luz de la vela era tan escasa que resultaba casi imposible. De modo que estiró los brazos hacia atrás y palpó la superficie de la pared notando que era de madera, por lo que concluyó que debía encontrarse en un establo, pero cómo y por qué había llegado hasta allí, era algo que no encontraba una respuesta lógica en su cerebro.

Con mayor precaución intentó incorporarse de nuevo y aunque sintió un leve mareo de nuevo, en esta ocasión logró mantenerse sentada. Después de unos minutos decidió ponerse de pie y aunque con cierta dificultad, lo consiguió también. Le pareció escuchar un ruido y miró hacia donde estaba la vela, pero no logró captar más que sombras. Con cuidado comenzó a desplazarse, no veía ni puertas ni ventanas así que caminó hacia la única luz, pero antes de llegar escuchó algo de nuevo, esta vez lo identificó como pasos y un momento después la estancia se llenó de luz procedente de un lugar más allá de la mesa donde se encontraba la vela.

Parpadeó varias veces ya que la repentina cantidad de luz había herido sus ojos y cuando los fijó en el lugar de procedencia de la misma, vio una figura recortada contra un rectángulo que debía ser una puerta. La figura comenzó a avanzar, pero delante de esta venía otra de menor estatura y portaba un enorme candelabro con muchas velas. Cuando su visión mejoró, abrió desmesuradamente los ojos.

-         La adorable señorita Saint-Claire. Lamento la incomodidad pero eso va a cambiar en cuanto todo se solucione  

El hombre que le estaba hablando y para enorme asombro y confusión de Sophie, era el Duque de Armagnac. Le dio la orden al sirviente que portaba el candelabro dejarlo sobre la mesa donde hasta hacía un momento había estado la solitaria vela y luego le ordenó retirarse.

-         Milord… --  comenzó ella pero fue detenida
-         En Francia no hay Lores mi querida señorita, esos están en Inglaterra de donde no deberían salir  --  dijo con desprecio  --   De modo que intente llamarme Jean Pierre, de esa forma se irá acostumbrando al sonido de mi nombre  --  dijo con más suavidad
-         Señor  --  dijo ella de modo de no molestarlo pero tampoco darle gusto  --  ¿Sería mucho pedir se me diese una explicación para este trato?
-         Me disculpo nuevamente por eso, pero en vista de mis infructuosos esfuerzos por acercarme a usted, me vi obligado a recurrir a un medio menos convencional
-         ¿Menos convencional?  --  preguntó ella con incredulidad y comenzando a enfurecerse  --  Disculpe pero tenía la impresión, al parecer errada, de que era usted un caballero
-         Y lo soy sin duda alguna, pero eso no anula mi condición de hombre, y de un hombre enamorado 
-         ¿Y le parece a usted ésta la forma más apropiada de demostrar su hipotético amor?
-         Eso es más responsabilidad suya que mía, ya que no me ha permitido demostrarlo de otra manera
-         Deseo volver a mi casa ahora mismo  --  dijo ella de forma imperiosa
-         Mi querida señorita, ahora que tengo su atención ¿no le parece muy cruel querer marcharse sin escucharme?
-         Usted perdió ese derecho desde el momento en que me trajo a este lugar en la forma que lo hizo, de modo que quiero que me lleve a mi casa en este momento  --  y comenzó a caminar hacia la puerta pero él le impidió avanzar más
-         No, no, no, creo que no nos estamos entendiendo
-         ¡Quíteme las manos de encima!  --  siseó ella y él obedeció pero siguió impidiéndole el paso  --  Mi padre va a matarlo por esto
-         No lo creo  -- dijo él con tranquilidad  --  Verá, después que pase usted unos días en mi agradable compañía y le aseguro que me esforzaré en que lo sea, me presentaré ante su padre y le participaré de nuestra inminente boda, y a él no le quedará más alternativa que dar su consentimiento, porque de lo contrario su reputación quedaría arruinada.

Sophie no podía creer lo que estaba escuchando. Sin duda aquel era un individuo apuesto, con una inmejorable posición dentro de la corte y ella estaba muy consciente de que eran muchas las damas que habrían dado cualquier cosa por ser la próxima duquesa. De modo que no podía entender y menos aún creer que se estuviese comportando de aquella forma.

-         Fingiré que nada de esto sucedió si me lleva en este momento junto a mi padre, y puedo asegurarle que haré todo cuanto esté a mi alcance para que no tome ninguna represalia en su contra.
-         Me conmueve su preocupación por mi bienestar pero como le dije, su padre estará agradecido de entregármela en matrimonio  --  insistió él
-         ¡Es usted un hombre despreciable!  --  pero aquello pareció causarle gracia porque se limitó a sonreír
-         Entiendo que esté algo sorprendida por el método, pero si presta usted atención, notará que mis intenciones son honorables, quiero hacerla mi esposa
-         Quiere obligarme a un matrimonio que le aseguro que yo no deseo y no veo nada de honorable en ello  --  el rostro de Jean Pierre se ensombreció pero se recuperó de inmediato
-         No lo desea en este momento, pero ya cambiará de opinión
-         Le puedo asegurar que no será así
-         Ha tenido un día difícil y debe descansar  --  le dijo  --  me gustaría poder llevarla a un lugar mucho más cómodo, pero temo que aún no está preparada para ello. Cuando decida mostrarse algo más razonable, podrá disfrutar de todas las comodidades que yo me puedo permitir y por consiguiente ofrecer a mi futura esposa.
-         ¿Más razonable? ¿Qué clase de hombre es usted?
-         Ya se lo dije pero puedo repetirlo tantas veces como usted lo desee. Soy un hombre enamorado y que solo espera que usted me permita demostrárselo de todas las maneras posibles y que pueda desear. Le aseguro que recibirá el mismo trato que cualquier princesa de sangre real. Le juro que no habrá nada que me pida y que yo no esté dispuesto a darle.
-         ¿Está seguro?
-         Absolutamente
-         Entonces empiece por devolverme a mi casa.
-         Me temo que eso no está dentro de los límites de lo razonable.
-         No recuerdo que haya puesto límites
-         Es usted una dama inteligente, de modo que sin duda comprenderá que todo lo que le ofrezco está sujeto a su aceptación de ser mi esposa.
-         Creo que es necesario que comprenda que eso nunca sucederá  --  le dijo y la expresión de él adquirió una dureza que no había tenido antes, pero Sophie decidió ignorar aquello  --  Puede mantenerme aquí encerrada el tiempo que le plazca y eso no me hará variar de opinión.
-         Y yo creo que no me ha entendido bien, o no me he expresado con corrección. Después de varios días en mi compañía no tendrá otra opción, y aunque me habría complacido mucho que fuese porque me aprecia usted, no tendré objeción para hacerlo de otra forma
-         Hay algo que le conviene saber, mi padre nunca consentirá en una boda que yo no desee y aunque me tenga aquí encerrada por cualquier período de tiempo, y aunque como dice eso arruine mi reputación, igual no estaré más cerca de aceptarlo de lo que estoy ahora. Y puedo asegurarle además, que mi padre pondrá el mayor empeño en matarlo después.
-         Ya veremos señorita Saint-Claire, ya veremos

Dicho esto, hizo una ligera inclinación de cabeza y luego caminó hacia la puerta. Sophie lo escuchó ordenar que le llevasen comida y algo de beber, y después todo quedó en silencio. Sophie caminó hacia la improvisada cama, se sentó y en ese momento fue cuando se permitió llorar.