La Dinastía

La Dinastía
Vidas Cruzadas es la primera entrega de la serie “La Dinastía” y cuenta la historia de los Saint-Claire en principio, una familia francesa cuyo hijo menor y por ciertas circunstancias es desterrado de su patria y decide establecerse en la Inglaterra de finales del siglo XVI. La historia de los Saint-Claire se verá estrechamente ligada a la de otras dos importantes familias inglesas, los Arlingthon y los Danworth, pero se verán envueltos en una serie de hechos que irán desde el amor y la amistad, hasta la mentira y la traición que desembocará en un complicado entramado de "Vidas Cruzadas" Safe Creative Código: 1211052633415

jueves, 29 de mayo de 2014

Cap. 20 Primer encuentro…



Para la tercera temporada social de Sophie, Phillipe decidió abrir el Chateau Saint-Claire a las reuniones sociales. Phillipe era un excelente anfitrión y Sophie que ya tenía la experiencia de dos temporadas anteriores, ayudaba a su padre en todo cuanto podía. Phillipe siempre contaba entre sus invitados con las luminarias del arte y la filosofía de la Europa de la época, por lo que las reuniones o bailes allí resultaban muy entretenidos. De modo que una invitación de los Saint-Claire, se volvió algo muy codiciado entre los miembros de la sociedad parisina.

Sin embargo, cuando no recibían ellos, asistían a los lugares a los que eran invitados. Marie no era muy afecta a salir, de manera que era más el tiempo que faltaba que el que los acompañaba. Por esta razón, una noche hacia mitad de temporada, Sophie asistió a un baile en compañía de su padre y su tío, porque Madeleine se sentía indispuesta y tampoco pudo ir. No era que Sophie disfrutase especialmente de aquello, pero sabiendo que su padre sí, nunca se negaba a ir.

Una vez que finalizó la primera danza de la noche, Sophie buscó con la mirada a su padre o a su tío, pero a quien vio que se acercaba fue al Duque de Armagnac, de modo que cambió de rumbo tan rápido como le fue posible. En su precipitación por huir de aquel fastidioso sujeto, decidió salir por una puerta que vio abierta, pero no se dio cuenta que había unos escalones y habría rodado de la forma más indecorosa de no haber sido porque un par de fuertes brazos detuvieron su caída.

A pesar de que sentía que la tenían firmemente sujeta por la cintura, y luego de superar la sensación de vacío que experimentó al sentirse en el aire, intentó recuperar la estabilidad por sus propios medios.

-         ¿Se encuentra bien?  --  escuchó que preguntaba una voz profunda  --  ¿Se hizo algún daño?
-         Gracias a su afortunada y rápida intervención…  --  comenzó ella

Pero se interrumpió en el momento que levantó la mirada,  porque que cuanto sus ojos chocaron con los de su benefactor, quedó paralizada. Conocía aquellos ojos, tal vez el resto del conjunto solo le resultaba vagamente familiar, pero los ojos… su corazón comenzó a latir de forma desordenada y el hombre la miró con curiosidad.

-         Bien, me alegra que esté usted sana y salva  --  le dijo mientras retiraba sus manos de la cintura de Sophie y daba unos pasos hacia atrás  --  pero le sugiero tener más precaución  --  y como ella seguía sin contestar  --  ¿Segura que está usted bien?   --  y ella asintió  --  ¿Desea que vaya por alguien?  --  pero ella negó y el frunció el entrecejo  --  Siendo que me consta que no es usted muda, gracias al cielo  --  aclaró  --  debo deducir que le incomoda mi presencia, de modo que me retiro  --  pero antes de hacerlo, ella pareció encontrar su voz
-         ¿Dylan?

El aludido la miró y elevó una ceja con cierta sorpresa, y de inmediato comenzó a hacer un rápido repaso mental tratando de ubicarla. Sin embargo, estaba seguro que si la hubiese visto antes recordaría a una criatura tan hermosa. Pero antes de que él pudiese decirle de la forma menos grosera que no tenía idea de quién era ella, la joven se llevó la mano al pecho y extrajo…
-         ¿¡Sophie!?  --  aquello era algo a mitad de camino entre una pregunta y una exclamación, pero el colgante que estaba viendo no dejaba lugar a dudas

Y no tuvo ocasión de decir nada más, porque a continuación ella olvidando todas las normas sociales, se colgó de cuello.

-         ¡Oh Dylan!  --  exclamó  --  No sabes lo feliz que estoy de verte de nuevo.

Aunque él estaba muy contento también, su expresividad y directa franqueza lo hicieron sentir la vieja incomodidad de siempre.

-         Es bueno verla de nuevo señorita Saint-Claire  --  dijo mientras la apartaba con delicadeza  --  pero dudo que su padre se alegre mucho si observa tanta informalidad
-         No seas pesado Dylan  --  dijo ella aun sonriendo  --  somos amigos.
-         Creo que es mejor que vuelva al salón  --  le dijo, pero se detuvo y la miró  --  ¿De quién huía?
-         ¿Cómo sabes que estaba huyendo?
-         De no haberlo sabido acaba de confirmarlo  --  dijo él con una media sonrisa  --  Sin embargo, sería más prudente que conservara los ojos al correr
-         No conozco bien este lugar, así que no sabía que esos escalones estaban allí
-         Razón de más para fijarse por donde va, aparte de que una señorita no va por allí corriendo.
-         No me des lecciones de comportamiento social Dylan Danworth, porque hasta donde puedo recordar, no eras tú el más afecto a ellas.
-         Las personas cambian cuando alcanzan la madurez.

Aunque Dylan nunca había sido precisamente dulce o simpático, tampoco antes lucía tan distante, lo que llevó a Sophie a preguntarse si su amigo de la infancia aún estaba debajo de toda aquella frialdad tan típicamente inglesa. Pero se obligó a prestar atención.

-         Aún no ha contestado mi pregunta.
-         ¿Cuál?
-         ¿De quién huía?
-         ¡Ah eso!  --  dijo ella con fastidio  --  del Duque de Armagnac, ese individuo es lo más parecido a tener un molesto guijarro en un zapato  --  y aunque él estaba a punto de reír, conservó la misma seriedad
-         Esa tampoco es la manera más apropiada para que una señorita se exprese  --  le dijo
-         ¿Sabes algo?  --  dijo ella mirándolo con ira  --  ¡Puedes irte al infierno Dylan Danworth!

Le dio la espalda y sin ninguna ceremonia, alzó el frente de su hermoso vestido y corrió hacia los desdichados escalones perdiéndose en el interior del salón sin que él hiciera nada por retenerla. No obstante, una vez que se quedó solo se volvió, caminó hacia el barandal y se asió con fuerza a él. Sus pensamientos eran un revoltijo de recuerdos, a la imagen de la niña que recordaba, se superponía la de la hermosa mujer que acababa de ver y de molestar, algo de lo que estaba muy consciente, porque una cosa le quedó clara, y era que aunque había cambiado en el exterior, Sophie seguía teniendo el mismo genio endemoniado, lo que le produjo una sonrisa.

Después que su corazón recuperó su ritmo normal, pensó en otra cosa. Ahora entendía a Kendall, porque aunque su amigo nunca había dicho nada al respecto, él seguía sustentando la misma opinión y ahora estaba más que seguro de la razón. Desde que habían llegado a Francia, Kendall había asistido a casi todas las reuniones a las que habían sido invitados, aunque por lo general no se quedaba mucho tiempo en ninguna, y Dylan suponía que si iba a más de una reunión cada noche, era con el secreto objetivo de encontrarse con Sophie.

Dylan ya sabía que ella debía haberse convertido en una mujer hermosa, tanto por el interés de Kendall, como por lo que había leído. En los Canards siempre era reseñada como una hermosísima joven por la que los caballeros se peleaban, sin embargo y después de dos temporadas, Sophie seguía soltera, algo decididamente inaudito que lo hizo plantearse cuáles serían los posibles motivos para ello.

Lo que sí supo, fue que Kendall sin duda alguna lamentaría mucho haber ido a otra reunión en lugar de haber venido con él.

Phillipe llevaba rato sin ver a Sophie y ya había comenzado a preocuparse cuando ella apareció a su lado. No es que Phillipe fuese un padre perseguidor, pero sabía que cuando Armagnac estaba presente, Sophie se incomodaba mucho y procuraba permanecer a su lado. De modo que apenas la vio supo que algo la había molestado.

-         ¿Qué te sucede Sophie?  --  preguntó Phillipe, esperando que por el bien del condenado Duque  no fuese por su causa.

Una vez que Sophie había dejado a Dylan, había caminado por el salón tratando de tranquilizarse. Se había detenido a saludar a un par de amigas de su padre, y luego había ido hasta donde se encontraba Phillipe. Pero él la conocía demasiado como para no darse cuenta.

-         Nada, es solo que…
-         Buenas noches Lord Saint-Claire  --  la interrumpió una voz y Phillipe se volvió

A diferencia de Sophie, que había tardado unos segundos en identificar a Dylan, Phillipe lo supo de inmediato, porque aquel joven caballero era la viva imagen en una versión más joven de Joseph Danworth.

-         Tal vez no me recuerde…
-         Por supuesto que sí  --  lo interrumpió Phillipe y extendió su mano  --  Lord Danworth
-         Es un placer volver a verle  --  y luego miró a Sophie  --  Señorita Saint-Claire

Aunque Sophie aún seguía queriendo quitarle la cabeza, ya estaba más calmada y decidió que ella también podía jugar ese juego, de modo que hizo una graciosa reverencia. Phillipe miró a su hija, y aunque estaba muy contento de que no hubiese reaccionado como él habría esperado tratándose de un amigo de su infancia, se preguntaba justamente la razón para aquel repentino ataque de serenidad y comedimiento del todo impropio en ella.

-         Si no lo considera usted un imperdonable atrevimiento  --  dijo Dylan mirando a Phillipe  --  me gustaría solicitar la compañía de su hija en el próximo baile
-         De ningún modo  --  le contestó y luego miró a su hija  --  ¿Sophie? 

Ella hizo de nuevo una ligera reverencia en señal de aceptación,  Dylan extendió su mano con la palma hacia arriba, ella colocó la suya y él cerró la mano alrededor de sus dedos. Phillipe los vio alejarse y Maurice llegó en ese momento.

-         ¿Lo conocemos?  --  dijo mirando la alta figura que se alejaba con su sobrina
-         Tú no pero yo sí, es Dylan Danworth, futuro Duque de Livingstone y Conde de Berwick  --  le informó

Maurice elevó las cejas, porque si bien era cierto que personalmente no lo conocía al joven caballero, ciertamente sí conocía al actual Duque. Maurice había tenido oportunidad de conocer a Joseph Danworth unos años atrás y aunque se sabía que el noble inglés viajaba con su hijo, en esa ocasión no conoció al joven y así se lo hizo saber a su hermano.

-         Conocí al duque hace unos años  --  le dijo  --  un sujeto poco dado a la conversación intrascendente, pero dudo que a esa sagaz y fría mirada se le pase por alto ningún detalle
-         Livingstone, Darnley y Cleves son colindantes, de modo que los Danworth y los Arlingthon, eran nuestros vecinos más cercanos. Sin embargo, siempre tuve mejores relaciones con William Arlingthon. Joseph Danworth es un hombre frío y distante, y uno de los hombres más poderosos y peligrosos del reino. No obstante, y mientras nadie cometa la suprema estupidez de molestarlo, no suele meterse con nadie. Y tienes razón, no es especialmente conversador pero nada se le escapa, en Inglaterra suelen decir que Joseph posee más información que un confesor.

Entre tanto, el baile había dado inicio y cada vez que se acercaban, Dylan decía algo.

-         ¿Disfruta usted de Francia señorita Saint-Claire?
-         Dado que es mi tierra natal, sería muy difícil que no fuese así milord
-         Hay quien opina que la tierra a la que pertenecemos no es aquella que nos vio nacer sino la que nos vio crecer, ya que es donde se forjan las amistades y los recuerdos.
-         Es posible.
-         ¿No guarda usted memoria del lugar donde creció?
-         Algunas.

Después de otro rato, Dylan volvió a hablar.

-         Es una hermosa joya la que pende de su cuello  --  le dijo  --  ¿Un recuerdo quizá?
-         Ciertamente, es uno de esos recuerdos que mencionó antes.
-         Espero sea un recuerdo agradable
-         Lo es, me la dio alguien que fue mi amigo.
-         Es decir que ya no lo es.
-         Francamente era mucho más agradable de niño de lo que es ahora.
-         Lamento escuchar eso, pero es algo que sucede con extrema frecuencia, ya que con la madurez suele llegar la sensatez y en ocasiones ésta no resulta muy de nuestro gusto  --  le dijo  --  Afortunadamente no es su caso, ya que se ha convertido usted en una hermosa joven, algo impetuosa tal vez, pero estoy seguro que mejorará con el tiempo.

Sophie tenía verdaderos deseos de ahorcarlo pero se obligó a mantener la calma y deseó con todas sus fuerzas que terminara de una buena vez la pieza para alejarse de aquel estúpido arrogante. Le habría gustado poder preguntarle por Kendall, pero estuvo segura que en lugar de darle alguna respuesta, la sermonearía con el argumento de que era impropio de una dama hacer esa clase de preguntas, de modo que guardó obstinado silencio durante el resto del baile.

Una vez finalizado, la acompañó hasta donde estaban su padre y su tío. Él agradeció con una ligera inclinación de cabeza y se volvió hacia Phillipe.
-         Maurice  --  dijo Phillipe  -- te presento a Lord Danworth.
-         Un placer milord  --  saludó Maurice  --  Tuve la fortuna de conocer a su padre hace unos años, dele mis saludos.
-         Con gusto milord
-         ¿Se quedará mucho tiempo en Francia?  --  preguntó Phillipe
-         Así es, mi amigo Lord Arlingthon necesitaba reponerse de un grave accidente que sufrió hace un tiempo y pienso que Francia es un buen lugar para ello.

Sophie sintió que el corazón le daba un vuelco ¿Accidente? Aunque había decidido no mirar más a Dylan, en ese momento lo hacía y con los ojos muy abiertos. Dylan la miró en forma fugaz pero le bastaron esos segundos para ver la angustia en los ojos de Sophie

-         Lamento mucho saber eso  --  dijo Phillipe
-         Afortunadamente ya está mucho mejor, y si no está aquí hoy es porque fue invitado a la casa del Conde LeChamps.
-         Dele por favor mis saludos y transmítale mis deseos por su por su pronta y absoluta recuperación.

Después de unos minutos, Dylan se despidió y se retiró, y Sophie sorprendió a Phillipe y a Maurice.

-         Padre, quiero irme a casa
-         ¿Te sientes mal?  --  preguntó Maurice preocupado

Pero Phillipe creía conocer la razón del repentino malestar de su hija. Él estaba al tanto de la amistad que ella había mantenido con los dos jóvenes, pero en su visita a los Arlingthon, poco antes de que Sophie abandonase Inglaterra, Phillipe había notado que  la forma en que su hija miraba al joven Lord Arlingthon, era algo que rayaba casi en la adoración; del mismo modo que no se le habían escapado las miradas de decidida admiración del futuro Duque y en aquel momento pensó que el viaje de Sophie era lo mejor que podía suceder dadas las circunstancias. Pero pensó que después de tres años, ya aquel enamoramiento se le habría pasado, sin embargo, parecía que estaba equivocado.

No puso objeciones a retirarse aunque aún era muy temprano, pero se prometió ingeniárselas para mantener a Sophie cuidadosamente alejada de Kendall Arlingthon y no era porque tuviese nada en su contra, pero aquel individuo estaba casado y no permitiría que su hija sufriese por aquello.

A pesar de la decisión de Phillipe, las cosas estaban por cambiar drásticamente, porque a los pocos días de aquel encuentro, Phillipe se enteró de algo que lo haría reconsiderar las cosas.

Si algo tenía muy claro Phillipe Saint-Claire, era que nunca más contraería matrimonio, de modo que navegaba en las difíciles aguas de un mar de mujeres empecinadas en atraparlo del mismo modo que podía haberlo hecho el más experto de los capitanes de la Armada en medio de las furiosas tormentas ocasionadas por las damas que lo perseguían de forma incansable,  y había logrado esquivarlas con éxito. Sin embargo, había mantenido tórridos romances con hermosas cortesanas dispuestas a otorgar sus favores  a cambio de otros. Para esa temporada, la cortesana de turno era la bella Susette, y esta encantadora damita fue la que le proporcionó una muy importante información.

Las cortesanas eran criaturas bellas y con una extraordinaria capacidad para recopilar información de cualquier especie y de casi cualquier persona, pero especialmente de aquellos caballeros que tenían la poco saludable costumbre de hablar más de la cuenta cuando habían bebido  más de lo razonable. Esto había contribuido a hacer de estas damas personas muy influyentes, ya que no solo acumulaban información sino que si eran inteligentes, podían usarla en su beneficio.

Lo que gustaba a Phillipe de Susette era que aparte de bella, exhibía una inteligencia superior a la promedio. Leía mucho y era versada en diferentes temas, y en una ocasión ella le dijo que las noches eran muy cortas y los días muy largos, y que ya que empleaba las noches en satisfacer su cuerpo, había decidido emplear sus días en satisfacer su mente.

De manera casual y hablando de la reunión a la que había asistido la noche anterior, Susette mencionó haber conocido a Lord Arlingthon. Phillipe no había prestado mucha atención en un principio, ya que evitaba con diligencia hablar de otra cosa que no fuese arte o de los últimos libros que la chica había leído, pero lo que dijo ella a continuación fue lo que captó su atención, aunque como de costumbre lo disimulo con el mayor éxito.

-         Pobre hombre  --  había dicho ella refiriéndose a Kendall  --  tan joven y haber perdido a su esposa y a su hija casi recién nacida.

Phillipe no hizo comentario alguno, pero a partir de ahí se dedicó a averiguar las condiciones en las que aquello había ocurrido y ya que había recordado que Dylan había mencionado el accidente, se imaginó que estaría relacionada una cosa con la otra. Pronto reunió toda la información al respecto y cuando tuvo la seguridad de la viudez del joven Lord Arlingthon y aunque le apenaba las circunstancias de la misma, una sonrisa se dibujó en sus labios. Quizá no todo está perdido mi pequeña,  se dijo, y comenzó a trazar nuevos planes.


miércoles, 28 de mayo de 2014

Cap. 19 Historia Familiar…



Al finalizar la temporada, Phillipe informó a su hija que se trasladarían a Toulouse. Sophie estaba muy emocionada porque sabía que allí era donde habían vivido sus abuelos. Mientras que a Maurice no le agradaba nada la idea, no había vuelto a pisar aquel lugar desde la muerte de Sarah. Sin embargo, oponerse a los deseos de Phillipe era una tarea ímproba y finalmente y por no contrariar a su hermano aceptó ir.

Normalmente la familia pasaba el invierno en Lyon, y aunque Sophie también quería conocer el lugar donde había nacido su padre, no sabía por qué le entusiasmaba tanto ir a Toulouse.

A pesar de que hacía años que ningún miembro de la familia Saint-Claire visitaba aquel lugar, los encargados de velar por los intereses de la familia se habían ocupado de mantenerlo todo en perfectas condiciones. Sophie quedó maravillada con el Chateau, porque si el de París era hermoso, este lo era mucho más. Aparte de la majestuosidad de la vivienda, tenía un muy extenso y bien cuidado jardín que se perdía en un bosquecillo aledaño.

Sophie había notado el malestar de Maurice y un par de días después de su llegada, se enteró de la razón.

-         Sophie  --  le dijo Phillipe cuando terminaron de cenar y pasaron al Salón  --  hace años te pedí guardar un secreto y te hice una promesa, ¿lo recuerdas?
-         Sí, lo recuerdo  --  dijo Sophie cuyo corazón había comenzado a latir en forma desbocada
-         Bien, porque ha llegado el momento de que cumpla con ella  --  y luego extendió su mano  --  Ven, siéntate a mi lado

Ella lo hizo y Phillipe comenzó su narración. Le contó la historia desde el nacimiento de sus hermanos y el de él, hasta la detención, juicio y posterior ejecución de Sarah. Lo hizo con tal perfección y atención a los detalles, que a los oyentes les pareció estar viviendo cada uno de los hechos por él narrado.

Para Maurice fue terrible revivir aquello que se había esforzado en enterrar en lo más profundo de su memoria. Marie sentía pena por su esposo y su cuñado. Jacques, aunque ya sabía la historia, ahora y después de escuchar a Phillipe, ésta había adquirido un tinte completamente diferente. Conoció y vio a través de los ojos de Phillipe, la infancia de los hermanos, el amor y los cuidados de Sarah,  y el dolor producido por la crueldad de Louis. De modo que si ya Jacques odiaba al señor Cardenal, ahora era una buena cosa que no estuviese cerca, o se habría sentido tentado a matarlo él mismo.

El caso de Madeleine era muy parecido al de su esposo, porque si bien su padre se había encargado de ponerla en antecedentes, en su resistencia a hablar del asunto y su decidido e inútil empeño por olvidarlo, solo le había proporcionado una información muy sucinta y la mayor parte de lo que ella sabía, lo sabía gracias a la dedicación con la que había investigado los registros, tarea que había podido llevar a cabo gracias a la incondicional ayuda de su esposo. Pero solo tenía hechos desnudos y su tío se acababa de encargar de vestirlos de sentimiento, y con ello consiguió dos cosas. Una, que Madeleine se sintiese verdaderamente orgullosa de la sangre que corría por sus venas, y dos, había abierto el camino para los sucesos que tendrían lugar en el futuro.

Sophie por su parte tenía sentimientos encontrados. Inicialmente al escuchar la narración de la infancia y juventud de su padre y su tío, si bien era cierto que había sido triste la pérdida de su madre, Sarah se había encargado de llenar ese vacío, de modo que en conjunto tuvieron una infancia feliz, lo que le proporcionó a Sophie tranquilidad y alegría. Pero al enterarse de lo sucedido con su abuela y del papel jugado por Louis en todo ello, despertó una ira ciega que nunca antes había sentido. Sophie era por una parte una joven dulce y de hermosos sentimientos, a quien los sufrimientos por los que había tenido que pasar durante su infancia, habían fortalecido el carácter. Pero por otro lado era hija de Phillipe, de modo que tenía sentimientos y reacciones tan intensas y extremas como él.

Por otro lado, la historia personal de Sarah, había dado una explicación razonable al conjunto de acontecimientos que habían tenido lugar durante su infancia. Por sus venas corría la misma sangre de Sarah, lo que las hacía a ella y a Madeleine, herederas de un poder otorgado por la naturaleza y de las tradiciones y costumbres de una antigua cultura que el avance del cristianismo había hecho déspotas, crueles y desmedidos esfuerzos por erradicar, y había satanizado a sus seguidores hasta el punto del exterminio sistematizado.

Aquellas revelaciones sirvieron a un doble propósito, por una parte el orgullo de las chicas por el legado de sus ancestros y por su sangre había crecido de forma significativa, y  por la otra, para que la rueda del destino se pusiera en marcha de nuevo a partir del punto donde había quedado suspendida.

Madeleine y Sophie recibieron el permiso para acceder a las habitaciones de su abuela y a sus objetos personales, donde se encontraban antiguos escritos que les sirvieron de guía para adentrarse en la práctica y el conocimiento que por derecho les pertenecía. De modo que cuando abandonaron Toulouse a finales de invierno para dirigirse a Lyon, iban cargadas no solo de recuerdos, sino de los ancestrales conocimientos que modificarían el curso de su historia.

La segunda temporada de los Saint-Claire en París resultó tan exitosa como la primera, mientras que para Louis Saint-Claire las cosas desmejoraron mucho. Después que Phillipe se había asegurado un regreso exitoso, comenzó a mover los hilos para no tener que soportar a su hermano mayor. Tal vez y solo tal vez, sí Louis hubiese sido menos estúpido, Phillipe lo habría dejado tranquilo, pero como se empeñó en fastidiarlo, Phillipe actuó en consecuencia.

Por una parte Phillipe comenzó a deslizar comentarios bien dirigidos en el sentido de que sus relaciones con su hermano mayor eran nulas, con lo que dejaba claro que la presencia de éste en cualquier reunión de carácter social, suprimiría por defecto la suya. Esta información en manos de las personas adecuadas, rápidamente fue del dominio público y con el fin de asegurar de modo absoluto que sus deseos se cumpliesen, también hizo uso de sus muchas y muy poderosas influencias. De manera que antes de llegar a la mitad de la temporada, Louis había quedado relegado en beneficio de su hermano, que siendo como era mucho más divertido, encantador, atractivo y en situación de codiciada soltería, era recibido con mucho más agrado.

Sin embargo, Phillipe tenía otros problemas de magnitud superior que su desdichado hermano y éstos eran de más difícil solución. Los pretendientes de su hija. Estos individuos parecían multiplicarse y si bien era cierto que Phillipe poseía una destacada posición y era muy influyente, muchos de estos sujetos no lo eran menos. Dentro de los que encabezaban la lista de dolores de cabeza de Phillipe, destacaba el Duque de Armagnac.

Jean Pierre De Buoisson, Duque de Armagnac, era un joven de veinticuatro años, atractivo y poseedor del exquisito refinamiento de la corte francesa. Hablaba varios idiomas, había viajado a Inglaterra, España y era asiduo visitante del Imperio Austro-Húngaro. La razón de que éste joven aun estuviese soltero, era que había estado prometido a una pariente de la Archiduquesa Ana de Austria, pero su prometida había fallecido antes de efectuarse la boda.

No obstante, y a pesar de sus constantes esfuerzos por acercarse a Sophie, ella insistía en rechazarlo.

Phillipe se había mantenido al tanto de las relaciones que su hija había hecho en la corte, por lo que sabía perfectamente que no centraba su interés en ningún caballero. Esto lo había llevado a rechazar sistemáticamente todas las propuestas de matrimonio. En algunas y muy contadas ocasiones, porque generalmente Phillipe sustentaba la misma opinión que Sophie en relación a los caballeros que solicitaban su mano, interrogaba de la manera más diplomática posible a su hija para asegurarse de que realmente no tuviese interés en el caballero en cuestión.

De ese modo llegó a su fin la segunda temporada de los Saint-Claire en París y Sophie seguía soltera, y aparentemente sin deseos de modificar esa situación.

Aquel invierno volvieron a Toulouse y las jóvenes damas siguieron con su aprendizaje donde lo habían dejado para consternación de Maurice.

-         Phillipe, creo que no fue nada juicioso que informaras a nuestras hijas acerca del pasado de nuestra abuela  --  le dijo una tarde
-         ¿Por qué? --  le contestó  --  Somos descendientes de Sarah Saint-Claire, descendiente a su vez de las más poderosas hechiceras de la historia y por tanto herederos de su legado, algo de lo que debemos sentirnos orgullosos. He accedido a no hacer público esto en atención a elementales normas de supervivencia y a la palabra empeñada a nuestros abuelos, pero de ningún modo tengo el derecho a negarles lo que les corresponde por derecho sangre.
-         ¿Cuánto tiempo crees que le tomaría a Louis ir en contra de ellas?  --  preguntó angustiado Maurice
-         ¿Y cuánto tiempo crees tú que me tomaría a mí arrancarle la cabeza?  --  preguntó a su vez con ira  --  Ya no soy el niño de catorce años que vio morir a su abuela sin poder hacer nada Maurice. Ha pasado mucho tiempo desde entonces y Louis lo sabe, así como sabe que esto  --  dijo extrayendo la fina hoja de acero que siempre llevaba en el interior de su chaqueta  --  tiene grabado su nombre desde entonces y que no dudaré ni un segundo en atravesarle el corazón con ella.
-         ¿Y de qué nos serviría si nuestras hijas mueren?  ¿De qué nos serviría si tú terminas muerto por matar a tu propio hermano? No quiero perder a nadie más Phillipe.
-         Y no nos perderás, al menos no por causa de Louis. Sé que en algún momento dejaste de creer Maurice, pero yo no. Sé que los espíritus me han seguido protegiendo, porque soy hábil es verdad, pero es gracias a ellos que he podido sobrevivir a todo, a los ataques de mis enemigos, a los atentados de Louis que no han sido pocos, y a toda mi tragedia personal, nuestra abuela ha seguido velando por mí cumpliendo de este modo la promesa que me hizo cuando era niño y yo debía cumplir la mía.

Maurice no siguió insistiendo en el asunto y sus hijas continuaron preparándose pero con la especial recomendación de que si bien ellos accedían a que lo hiciesen, ellas debían prometer ser en extremo cuidadosas y no revelar a nadie su condición.

Una tarde y en ocasión de estar realizando un complicado ritual, sucedió algo inesperado y por la naturaleza del hecho, definitivamente sobrenatural. Madeleine y Sophie estaban tomadas de las manos recitando las palabras que correspondían a lo que hacían, cuando repentinamente todas las velas se apagaron.

-         Madeleine  --  susurró Sophie aferrando con más fuerza las manos de su prima
-         Las fuerzas de la naturaleza desean comunicarse  --  dijo Madeleine con voz pausada
-         Así es  --  dijo una tercera voz y a continuación se encendieron de nuevo las velas

De haberse tratado de otras personas, es decir, personas comunes y sin ninguna vinculación con estas prácticas, es probable que hubiesen sufrido un colapso nervioso, pero éstas chicas estaban hechas de otro material, aunque no por eso dejaron de sorprenderse, porque era algo que no esperaban y en el caso de Sophie tenía un motivo particular para ello.

En cuanto las velas volvieron a encenderse, vieron la figura de una mujer que se aproximaba, pero cuando estuvo lo bastante cerca, Sophie ahogó una exclamación mientras que Madeleine solo se limitó a abrir un poco más de lo normal sus ojos. La razón para ello, era que la mujer que estaban viendo era una copia fiel y exacta de Sophie.

-         ¿Abuela?  --  aventuraron ellas, aunque les cabían pocas dudas acerca de su identidad y la mujer sonrió

Las pinturas de Sarah que había en la casa y la que Sophie recordaba que tenía su padre en Inglaterra, ciertamente mostraban el parecido, pero sin duda habían sido realizadas cuando ella estaba en una edad algo más avanzada. Por lo que la exactitud de los rasgos, las tomó por sorpresa.

-         Se me ha concedido la gracia de comunicarme con ustedes en atención al vínculo que nos une, al poder de nuestra sangre y a la importancia del mensaje que debo darles  -- dijo ella  --  Ambas son depositarias de nuestras antiguas enseñanzas  --  y luego miró a la mayor  --  Madeleine, con el nombre que nos dan nuestros padres, viene también parte de la esencia de los que lo han llevado con anterioridad, y el tuyo se corresponde con el de una de las grandes de nuestra casta. Eres fuerte, poderosa, prudente e intuitiva. Llevarás sobre tus hombros el peso de los años y tendrás el poder de ayudar a muchos, pero en tu afán por hacerlo cometerás algunos errores, no seas muy dura contigo misma y ten la capacidad para perdonarte y continuar, y recuerda siempre lo que sabes bien, todo sucede por alguna razón  --  hizo una pausa y miró a Sophie  --  Sophie*, tu nombre está vinculado al conocimiento. Cometemos el error de llamar sabios a aquellos que exhiben conocimientos acerca de muchas cosas, pero no es sabio quien mucho sabe, sino aquel que sabe cómo aplicar de forma práctica lo que sabe. Quizá no conozcas todas las respuestas, pero mientras te plantees las preguntas adecuadas, estarás en el camino correcto. También eres fuerte y poderosa, pero has heredado la imprudencia que ha caracterizado a muchos portadores de tu misma sangre, eres impulsiva y volátil, lo que puede llevarte al desastre  --  después de una pausa, volvió a mirar a Madeleine  --  Por duro que te parezca, no naciste para ser madre de los hijos de tus entrañas, pero ese instinto maternal con el que has sido dotada, podrás derramarlo sobre otros herederos de tu sangre. Debes prepararte para las duras pruebas que tendrás que enfrentar, en las que tu amor y tu comprensión jugaran un papel importante  --  miró a Sophie de nuevo  --  Hay tres hombres en tu destino, y aunque los tres te amarán, tu corazón te traicionará y ninguno de ellos podrá hacerte feliz en esta vida. Un oscuro porvenir de odio, rencor, celos, venganza y muerte, unas manos manchadas con tu sangre y un vínculo eterno sellado por una maldición  --  y luego las miró a ambas  --  Debemos aprender a aceptar aquello que no podemos modificar, pero no olviden que nuestras decisiones determinan si no el fin, sí la forma de recorrer el camino  --  después de una larguísima pausa agregó  --  Louis selló su destino al manchar sus manos con sangre inocente, y será la suya el precio a pagar como consecuencia inevitable de sus actos. Maurice es un gran hombre, pero decidió ignorar sus raíces, pero lo que ha de suceder sucederá de un modo u otro, por lo que tendrá que volver una y otra vez hasta aprender la lección. Phillipe es un espíritu bueno que se ha visto obligado a hacer cosas malas, pero honró su juramento por lo que tengo un mensaje para él. Por su amor y su inquebrantable fe en nuestras antiguas creencias, su sangre será perpetuada, aunque no en la forma tradicional  --  después de esto miró a las jóvenes con un infinito amor en sus ojos y una tierna sonrisa en sus labios  --  Debo marcharme, mi misión está concluida, ahora es el turno de ustedes de cumplir con la suya y vivir la vida para la que han sido destinadas.

Mientras decía las últimas palabras su imagen se fue desvaneciendo hasta desaparecer. Durante varios minutos todo lo dicho por Sarah quedó flotando en sus mentes, y cuando consiguió ubicación en ellas Sophie entró en pánico. Le llevó mucho tiempo a Madeleine tranquilizarla y le llevaría mucho más encontrar una forma de sortear todo aquello, pero se juró a sí misma encontrarla, porque si bien había entendido bien todo cuanto había dicho Sarah y le había quedado claro que lo que debía suceder sucedería, no estaba dispuesta a perder a Sophie y tenía que encontrar la forma de evitarlo.

Lejos estaban de saber que ya los acontecimientos estaban en marcha, y que como dijo Sarah, si bien podíamos modificar la forma de recorrer el camino, nunca podríamos evitar llegar al final predestinado.


martes, 27 de mayo de 2014

Cap. 18 Los Unos y los Otros…



El viaje de Kendall y Dylan se había iniciado en España, visita que Kendall no disfrutó de manera especial, porque si bien había disfrutado de la parte turística como tal, las relaciones con los españoles no le resultaron muy gratas, entre otras cosas la barrera del idioma le afectó mucho, ya que el español no era uno de los que se le hubiese dado con mucha facilidad.

De allí pasaron a Portugal donde estuvieron un muy breve lapso de tiempo. Visitaron a algunos compatriotas conocidos, asistieron a un par de reuniones y no mucho más.

Dejaron Portugal con rumbo a Italia y la estadía en ese país la disfrutó mucho más. La corte italiana se le antojó muy divertida, alegre, y mucho menos estirada que la inglesa. También el arte italiano captó su atención, estaban en plena época del Renacimiento Italiano, de modo que pasó muchas horas admirándolo. En conjunto y a pesar de que Italia formaba parte del Imperio Español, le resultó un lugar no solo interesante sino cálido y muy entretenido.

Para cuando llegaron a Italia, Kendall también parecía haber recuperado su afición a las mujeres hermosas, de modo que tuvo varias relaciones con distinguidas y no tan distinguidas damas de la sociedad italiana, y su proverbial habilidad para desenvolverse en la corte le procuró el inmediato favor de los miembros de la misma.

En cuanto llegaron a Italia, Dylan reanudó una vieja, tormentosa y controversial relación con Emiliana Franceschi, Condesa de Montebello. Dylan no se había caracterizado por relaciones duraderas en el tiempo, tanto porque no le interesaba, como porque no se quedaba mucho tiempo en ninguna parte. Sin embargo, en su primera visita a Italia había conocido a Luciano Franceschi, quien a pesar de la oposición de Joseph que lo acompañaba en aquel viaje y había manifestado su opinión en el sentido de que aquel joven tenía algo que no le agradaba,  se volvió el compañero de fiestas y aventura de Dylan, y al poco tiempo éste lo había invitado a una reunión que ofrecía su cuñado, el Conde de Montebello.

El señor Conde  le había parecido un individuo apático, poco conversador y con un sentido del humor lamentable, mientras que a su joven esposa la había encontrado muy de su agrado. Entablaron una animada charla y solo le tomó veinticuatro horas a la Condesa meter en su cama al jovencito inglés, por lo que ella se había felicitado muy inmerecidamente, ya que no tenía  idea  que Dylan había jugado sus mejores cartas para llegar hasta allí. Hay que decir en favor de Dylan, que había aprendido bien las lecciones que había recibido en Francia y a esas alturas, ninguna mujer sobre la que pusiera sus ojos tenía muchas posibilidades de escapar aun sin conocer su nombre.

Luciano al ver el interés de Dylan en su hermana, se había creído en la obligación de advertirlo.

-         Hay mujeres con las que hay que tener cuidado Dylan  --  le había dicho  --  y Emiliana es una de esas. Es capaz de sacarte el corazón, pisotearlo y luego echarte de su vida sin ningún remordimiento.

El asunto es que había resultado exactamente lo contrario, porque fue Dylan quien la dejó y la recogió tantas veces como se le dio la gana. Dejaba el país sin avisar y nunca le escribía  ni una línea mientras estaba de viaje, pero cada vez que regresaba ella seguía dispuesta a recibirlo.

En esta ocasión, Emiliana había tenido la muy poco afortunada idea de darle celos con Kendall, de modo que conociendo a su amigo y lo vulnerable que podía resultar en aquel momento, Dylan puso fin a la situación de manera abrupta y muy poco delicada. Esto había sucedido durante una velada musical en la que Emiliana había tenido el poco juicio de cuestionar la fidelidad de los hombres en contraposición con la supuesta devoción y fidelidad femenina.

-         Mi estimada Condesa  --  había dicho Dylan  --  negar el hecho cierto de que hemos sido dotados de muy escasa fidelidad equivaldría a negar que el sol nace y se pone a diario. Pero no es menos cierto que hay damas cuya honorabilidad es tan ligera, que en su afán por disfrutar aquello que les está moralmente prohibido, pierden aquello que en realidad desean

Kendall había abierto desmesuradamente los ojos al escuchar a Dylan, porque en principio aquella era una conversación que distaba mucho de ser considerada apropiada para ser mantenida en presencia de una dama, y el comentario en sí mismo era casi insultante. Pero se vio obligado a aceptar que las cosas allí  eran algo diferentes, porque lo dicho por Dylan tuvo una acogida más que aceptable y fue celebrado por la mayoría de los presentes.

Mucho más tarde aquel día, cuando Dylan entró a la habitación de Emiliana y ella corrió a sus brazos, fue rechazada con la mayor frialdad.

-         ¿Qué sucede?  --  preguntó ella
-         Solo vine a advertirte una cosa, puedes meter en tu cama a todos los hombres del reino si se te antoja, no es mi asunto y ciertamente no me importa. Pero si mueves un solo dedo para acercarte a Lord Arlingthon, no tendrás tiempo suficiente para arrepentirte.

Dicho esto abandonó la habitación dejando a Emiliana en un estado de suprema frustración y para empeorar las cosas, durante el resto del tiempo que pasaron en Italia, Dylan no volvió a frecuentar sus aposentos, se dedicó a otras aventuras e ignoró todas sus notas, despertando de este modo los celos, la ira y el deseo de venganza de esta mujer y no estaba al cabo de saber lo muy peligroso que eso podía llegar a ser.


La llegada de Phillipe a Francia había representado una enorme alegría para su familia en general, Sophie no podía ser más feliz y él mismo había recuperado de manera notable su talante jovial.

Cuando llegó, tuvo el buen juicio de no hacer ninguna aparición pública hasta que se efectuó el Baile de Máscaras, donde presentó sus respetos y su agradecimiento al Rey. Esa fue la primera oportunidad que tuvo Sophie de ver a su padre en acción y no podía estar más sorprendida.

La prensa de entonces no era tal y cómo la conocemos ahora, por supuesto. Eran una suerte de Hojas de Noticias de distinto tamaño y formato que se publicaban de forma ocasional, de ahí que recibieran el nombre de Ocasionales, y reseñaban algún acontecimiento de importancia. Otra forma de prensa fueron las Relaciones, éstas se publicaban de forma semestral que coincidían con las dos ferias de libreros que se efectuaban en Frankfort,  y reseñaban los hechos más importantes ocurridos en Europa en el período que había entre las dos ferias. Pero en el siglo XVI aunque siguen publicándose los Ocasionales y Relaciones, aparece un nuevo tipo de publicación, los Canards. El contenido de estas publicaciones era más popular, trataban asuntos relacionados con monstruos, milagros y temas sensacionalistas.

De manera que los Canards de aquella época, se dieron banquete con la llegada de Phillipe a suelo francés. Si habían escrito mucho el día de la presentación de Sophie, ahora prácticamente todos estaban dedicados al regreso de su padre y a partir de ese día para regocijo de Maurice, cada publicación se la disputaban padre e hija, y Madeleine adquirió la costumbre de medir cuál de los dos ocupaba más espacio en ellas.

Al día siguiente de la primera aparición pública de Phillipe y antes incluso de que él regresase de su paseo matutino, ya la bandeja de su escritorio estaba a rebosar de invitaciones. De modo que todo el resto de aquella temporada los Saint-Claire estuvieron sumamente ocupados.

Sophie pronto advirtió el enorme interés que despertaba Phillipe en la población femenina, y aunque no le hacía mucha gracia el asunto, se cuidó muy bien de expresar su opinión al respecto, porque entre otras cosas pensaba que su padre tenía derecho a un poco de diversión después tanto sufrimiento.

Phillipe había sido adecuadamente informado de la desagradable visita de su hermano Louis y no es de extrañar que montase en cólera. Maurice tuvo que emplear todo su ingenio y poder de convicción para evitar que fuese a buscarlo y según sus propias palabras: sacarle el corazón con una cucharilla, al muy bastardo. Sin embargo, habría sido mucho esperar que no se lo encontrara en alguna de las innumerables reuniones a las que asistió.

Casi al final de la temporada, todos asistieron a una reunión en casa de la Duquesa de Beauchamps, y en cuanto fue anunciada la llegada del Cardenal Saint-Claire, Maurice se tensó y sintió la temblorosa mano de Marie en su brazo. Jacques se había quedado a mitad de una frase y se había excusado con sus interlocutores caminando apresuradamente hacia donde se encontraban sus suegros. Contra todas las normas sociales, Sophie se había disculpado con su pareja de baile,  había buscado con la mirada a su padre y corrido hacia él. Mientras que Phillipe había seguido hablando con las damas a las que entretenía en ese momento sin prestar ni la más mínima atención al anuncio que acababa de hacerse.

Tan delicadamente como les fue posible, todos los miembros de la familia se habían reunido alrededor de Phillipe.

-         Tiene usted una hija muy hermosa Phillipe  --  dijo una de las damas en cuanto Sophie se acercó
-         Aunque me esté muy mal el decirlo, debo reconocer que soy un padre excepcionalmente orgulloso  --  dijo él tomando la mano de su hija

Un rato después, el grupo se había dispersado y Phillipe perdió su alegre sonrisa cuando fijó sus ojos sobre Louis que se acercaba.

-         Phillipe por favor  --  susurró Maurice con urgencia  --   no te conviene hacer un escándalo.
-         Eso lo sé yo mejor que tú  --  dijo Phillipe sin dejar de ver a Louis que cada vez estaba más cerca

Maurice y Jacques, así como Marie y en cierta forma Sophie, tenían expresión de preocupación, pero Madeleine tenía casi una sonrisa en los labios.

-         Buenas noches  --  saludó Louis
-         Lo fueron hasta hace un momento  --  dijo Phillipe  --  sin embargo, no permitiré que algo tan intrascendente como tu muy insignificante presencia nos la arruine
-         Estamos en Francia Phillipe  --  dijo Louis  --  en este país, nuestro país  --  acentuó  --  notarás que mi presencia no es precisamente insignificante  --  y Phillipe rió de forma desagradable
-         Sí, he tenido oportunidad de ver algunas caricaturas muy interesantes y que sin duda te hacen la mayor de las justicias.
-         No es digno de un caballero prestar atención a esa clase de vulgares panfletos  --  dijo Louis con la furia brillando en sus ojos
-         A decir verdad, encuentro mucho más indigno observar un comportamiento que dé lugar a hacerte el protagonista de los mismos

Marie tenía los ojos cerrados y estaba en muda súplica para que no se desatara un escándalo. Maurice y Jacques miraban alternativamente a ambos hombres, pero Maurice vigilaba con mayor atención a su hermano menor, porque conocía de primera mano la volatilidad del mismo. La sonrisa de Madeleine se había acentuado y tenía deseos de ponerse a aplaudir a su tío Phillipe, mientras que Sophie se había tranquilizado al notar que si bien era obvio que Louis estaba colérico, Phillipe conservaba una fría calma que lo hacía dueño de la situación.

Sin embargo, Louis aparte de un desgraciado de oficio, también era un avezado cortesano, de modo que esbozó una fría sonrisa.

-         Tú también has ocupado mucho espacio en los Canards de la temporada  --  le dijo  --  Solo espero que si estás pensado en buscar esposa, algo que entendería ya que todavía eres joven y aun puedes tener un heredero adecuado, tengas más juicio y no escojas a una que resulte tan casquivana como la anterior.

Ahora fue Sophie la que se tensó, sus mejillas se colorearon y sus ojos brillaron en forma peligrosa. Mientras que Maurice y Jacques que habían estado vigilando atentamente a Phillipe para evitar que hiciera un disparate, en ese momento eran ellos los que tenían deseos de romperle la cara al infeliz. Pero quedó demostrado que sin duda alguna Phillipe tenía mucho más talento que ellos para estas cosas.

-         Mi gusto en mujeres es solo mío, pero en cualquier caso y aunque me mostrase inclinado a escuchar consejos que no necesito en ese aspecto, difícilmente podría tener en cuenta los de un hombre que dadas sus vestiduras, debería carecer del adecuado conocimiento en materia de mujeres.
-         Mis vestiduras no me impiden estar al tanto de las virtudes que debe observar una buena esposa  --  dijo con una sonrisa maligna  --  y de hecho podría sugerir algunos nombres dignos de tener en cuenta a la hora de elegir esposa.
-         ¿De veras? Muero por saber quiénes son esas damas, porque si son esas cuya moral es tan amplia que les permite compartir su cama con individuos como tú, creo que prefiero seguir soltero, ya que encuentro a esas criaturas mucho menos dignas que aquellas venden su amor al mejor postor

Louis compuso la peor de las caras y fue obvio para todos que tenía verdaderos deseos de estrangular a su hermano. No obstante, hizo el mayor de los esfuerzos, porque tenía un objetivo y por motivos estrictamente personales tenía mucho interés en alcanzarlo.

-         Tengo entendido que has rechazado en dos oportunidades la invitación del Duque de Armagnac  --  dijo cambiando de tema hacia lo que le interesaba  --  ¿Puedo saber si hay alguna razón para ello?
-         No es asunto tuyo a quién decido dedicar mi tiempo y a quién no.
-         Es un importante y muy influyente miembro de la corte, de manera que…
-         Sé perfectamente quién es y eso no modifica en nada mis deseos de aceptar sus invitaciones.
-         Cometes un error, como siempre  --  dijo Louis  --  él está muy interesado en conversar contigo, ya que le complacería mucho que el futuro Duque desposara a tu hija, lo cual…  --  pero calló repentinamente al ver los ojos de su hermano, sin embargo, la voz de Phillipe aunque helada, seguía conservando el mismo tono sereno
-         Te diré esto una sola vez, cretino.  Mi Hija, no será obligada a un matrimonio que no desee y en ningún caso tú interferirás en ningún sentido, y es mejor para tu salud que lo recuerdes, señor Cardenal, porque en primer lugar, si intentas cualquier maniobra para involucrarme en un compromiso, te haré la vida miserable por el resto de tus días suponiendo que vivas para sufrirlo. Y en segundo, si tienes la esperanza de que alguien me mate, no tendrás más oportunidad de la que tienes ahora para hacerte con el control sobre la vida de mi hija ni sobre mis bienes, ya que sabiendo la clase de desgraciado que eres, me aseguré de inhabilitarte de por vida. De modo que aunque tuvieses la satisfacción de verme muerto, ni siquiera podrás acercarte a ella sin arriesgarte a terminar con tus huesos en La Bastilla o en la Torre de Londres, puedes escoger.

La expresión de Louis en un principio fue de incredulidad, pero conocía lo suficiente a Phillipe y sabía que era un loco peligroso, de modo que no le quedó duda de que en verdad había hecho lo que decía. De manera que de la incredulidad inicial, paso al odio manifiesto.

-         Te pudrirás en el infierno Phillipe Saint-Claire  -- siseó con ira
-         Descuida, si llego antes que tú te estaré esperando, porque sin lugar a dudas tú tienes tu espacio reservado allí desde mucho antes que yo  --  dijo con indiferencia mientras se llevaba la copa a los labios

Louis los miró a todos que a su vez lo miraban con distintos niveles de satisfacción, pero no dijo nada más y les dio la espalda, pero Phillipe era sumamente vengativo.

-         Por cierto Louis  --  dijo y él volvió la cabeza  --  Dale mis saludos a la señora DeBussy el martes próximo. Aunque te sugeriría ser más discreto con tus piadosas visitas a esa dama, podrían hacer que sus respectivas reputaciones se viesen seriamente puestas en entredicho si las personas equivocadas notan su frecuencia y exactitud  --  dijo con una sonrisa decididamente criminal

Louis abrió los ojos en forma desmesurada pero enseguida se giró y siguió su camino, aunque mientras caminaba, se preguntó cómo era posible que Phillipe llevase solo algo más de dos meses en París y ya estuviese al tanto de aquello. Lo que lo hizo preguntarse qué más sabía su molesto hermano menor que no debiese saber y recordando nuevamente la peligrosidad del más pequeño de los Saint-Claire, decidió que debía tomar medidas para protegerse a sí mismo de aquel molesto y entrometido cretino.

Maurice por su parte se hacía una pregunta similar, sólo que la respuesta él la tuvo en forma automática. Phillipe podía haber estado exiliado y lejos de su patria, pero eso no significaba que hubiese roto sus muchas y muy poderosas relaciones.

Poco antes de finalizar la temporada social, Sophie y Madeleine llegaban una tarde de tomar el té en casa de unos amigos ingleses a la que habían tenido que ir ellas aunque la invitación la había recibido Phillipe, porque éste les había dicho que estaría ocupado.  Madeleine había estado molestando a Sophie todo el camino de vuelta, diciendo que la ocupación de Phillipe probablemente compartía la misma costurera con ellas, porque a Madeleine le hacía mucha gracia la cara que ponía Sophie cuando alguien mencionaba el atractivo de Phillipe, y ciertamente las damas francesas parecían no tener ningún recato para decir aquello delante de Sophie.

-         No creo que mi padre dejase de lado un compromiso adquirido con anterioridad si no fuese por algo verdaderamente importante.
-         Pues la verdad…  --  pero se interrumpió cuando escucharon voces airadas

Las chicas se miraron con preocupación cuando identificaron las voces de sus padres, de modo que con sigilo se acercaron al estudio.

-         ¡No quiero volver a hablar de esto Maurice!  --  decía Phillipe en aquel momento
-         Phillipe  --  dijo el otro en tono conciliador  --  Has regresado a Francia y asumo que no tienes muchos deseos de correr a Inglaterra de nuevo, de modo que lo lógico es que ocupes tu casa de nuevo y ésta es tu casa.
-         Y una muy grande en mi opinión  --  dijo Phillipe  --  ¿O es que te parece que estaremos muy apretados?
-         Phillipe sé razonable
-         ¡He dicho que no!  --  exclamó él  --  No se me da la gana  que te vayas solo porque yo estoy de vuelta, cualquiera diría que mi presencia te molesta

Sophie miró con consternación a Madeleine y se sorprendió mucho al ver a su prima sonreír, iba a preguntarle qué le encontraba de gracioso a la situación, cuando ella se llevó un dedo a los labios indicándole silencio.

-         ¿Cómo puedes decir eso?  --  preguntó Maurice alarmado
-         Y yo que pensé que te daría gusto mi regreso, pero al parecer te acostumbraste a vivir sin mí y supongo que no puedo imponerte mi presencia  --  dijo Phillipe con voz dolida

Hubo unos momentos de silencio en los que Maurice estaba sintiéndose miserable por hacer que su hermano se sintiese a su vez de aquel modo.

-         Phillipe, no tienes idea de lo feliz que me hace tu regreso y lo mucho que te eché de menos durante todos estos años.
-         Claro  --  dijo el otro y fue perfectamente audible el suspiro resignado de Maurice
-         De acuerdo, no iré a ningún lado
-         ¿De veras?
-         Te doy mi palabra  --  y escucharon a Phillipe reír
-         Perfecto, porque ahora tenemos que planear lo que haremos en el invierno.
-         ¡Phillipe!

Madeleine arrastró a Sophie lejos de allí y soltó la carcajada.

-         Madeleine no entiendo…
-         Eso es porque no conoces a tu padre como debes y creo que papá olvidó cómo era el tío Phillipe
-         ¿De qué hablas?  --  preguntó Sophie confundida
-         Que tu padre querida prima, es un desvergonzado manipulador que siempre se sale con la suya como un niño malcriado  --  dijo Madeleine entre risas  --  Hizo que papá se sintiera miserable porque él no quería que se fuera y como no podía conseguirlo por la fuerza, empleó otro método más efectivo

Sophie aún no entendía muy bien el razonamiento de su prima y eso era porque ella había conocido a su padre en otro contexto, de modo que no podía verlo como lo que en realidad era. Phillipe Saint-Claire había sido el niño mimado no solo de su familia, sino de la corte francesa, y con los acontecimientos venideros quedaría demostrado que a pesar de los años de ausencia, lo seguía siendo.